noticias

¿Cómo debería ser una relación de pareja?

Lo primero que se me ocurre, es que debería ser como es. Como se da.  Pero justamente en este punto es donde me permito soñar.

 

Me gustaría que fuera un generador de energía. Para ello, en este plano, debe tener los dos polos (los estudios de la física demuestran que la energía se genera así como en una especie de “danza” de polos opuestos).

 

Para que ello ocurriera es necesario “aceptar” el otro polo, dejarlo actuar, expresarse; y esto implica el “vacío” de su opuesto, del cual surge en el tiempo  una “expresión” que necesita manifestarse, para lo cual el polo “activo” debe menguar armónicamente su expresión de “lleno a vacío” permitiendo la expresión completa del otro polo.

 

Si esto se cumpliera mi necesidad de armonía sería saciada. Si esa necesidad fuera saciada estaría en paz y, desde la perspectiva que compartimos con otros coaches, desde este estado de paz es posible experimentar también los otros valores cardinales: libertad, dignidad, verdad. Al experimentar valores recupero poder, me empodero.

 

Así es como entiendo que la relación de pareja puede ser funcional, porque genera poder en ambos integrantes. Un poder más completo que el individual, porque se nutre de lo que solo el otro puede aportar. También más completo porque puede generar espacios de relaciones “poderosas” en su entorno.

 

Por otro lado, es común en nosotros los seres humanos, observar el mundo exterior desde nuestros propios modelos mentales con lo cual filtramos  la realidad. También es común en la experiencia humana un estado plenitud, una sensación de completud que incluye la razón y un sentir especial que nos da certeza de que “eso” que experimentamos es la realidad, diría un amigo un estado de …ahhh ”está todo bien”…”todo está en su lugar”. Entonces, en palabras del Talmud: “no vemos las cosas como son, sino como somos”. Esto es  llamado por la academia proyección psicológica: un mecanismo inconsciente que nos lleva a ver afuera aquella parte de nosotros, que por la razón que sea, no queremos asumir. Estos aspectos negados, ocultos, que  en general desde Jung en adelante se los ha llamado la “sombra”.

Algunos  autores, como Wilber, incluyen también dentro de la sombra,  una parte “dorada” que son  esos aspectos  positivos que tenemos pero  no vemos en nosotros, o que, aún sabiendo que los tenemos,  no nos permitimos dar a otros, entonces  lo vemos  afuera.

 

Con lo cual nos  relacionamos  con los otros,  y con nuestra  proyección sobre los otros,  eso que los demás “deberían” ser. Por supuesto, las relaciones de pareja están dentro de esta manera de relacionarse. Esta proyección nos oculta al “verdadero” otro y se comienza a “perder” lo que él, viene a ofrecerme en  esta relación.

 

 

¿Es posible que lo que debería ser el otro me bloquee? Sí, porque aunque parezca obvio, el otro solo puede ser “él” y no lo que yo proyecto que debería ser. Aunque mi deseo sea el más puro: una persona amable, cariñosa, fiel, trabajadora, sexy…

 

Sin abundar mucho más sobre lo que “no es” una  relación de pareja “sostenible”, porque según entiendo la gran mayoría de nosotros  lo ha experimentado, podemos pasar a preguntarnos ¿Qué posibilidades se me abren cuando en este tipo de  relación disfuncional siento que algo no fluye? ¿Qué intento hacer para recuperar el estado natural de armonía en la pareja?

  • Tratar de cambiar al otro, con todas las estrategias posibles que esto implica
  • Esperar a que cambie, también con todas sus variaciones
  • Aceptarlo tal como es y pasarla mal
  • Aceptarlo tal como es y pasarla bien

A las combinaciones anteriores se le solapa el mismo proceso del “otro” hacia mí…hum esto se pone lindo!

 

¿Es posible ser uno mismo y ser lo que el otro espera de mí? Complicada respuesta, pero me sale un “no”.

 

¿Es posible ser uno mismo y permitir que el otro sea el mismo? Complicada respuesta, pero vislumbro posibilidades.

 

Algunos puntos que permitirían hacer realidad estas posibilidades:

  • Acuerdo básico: el “otro” puede ser él mismo
  • Explorar juntos qué es ser “uno mismo”, qué es crecer individualmente.
  • Generar un modelo de relación de pareja aceptado por los dos. Este modelo es un “diseño” de un nuevo “ser”. Este “ser” es un organismo compuesto principalmente por estas dos partes, fieles a sí mismas, pero que contribuyen a generar un “Ser” ( ahora lo distingo con mayúsculas) que las trasciende
  • Soñar juntos el proyecto. Con sus hitos, objetivos y metas
  • Tomarse el tiempo para “retocar” el proyecto cuando alguna alarma nos avisa que algo no fluye: cansancio, desánimo, enojo, angustia…Todas oportunidades para tener las conversaciones que “faltan”.
  • Verificar que se está disfrutando el proceso, en distintos momentos del “viaje”
  • El mapa del viaje no puede contemplar todas las sorpresas que surgen en el camino. Permitirse sorprenderse puede ser una buena apuesta para muchas parejas, esta actitud  las colocará en posición de “reinventarse”, de hacer nuevos acuerdos.
  • Encontrarse con otras parejas y compartir el viaje el viaje que hacen con sus luces y sombras. Esta es otra manera de que este “Ser” crezca, se desarrolle y nutra en las conversaciones   con otros “estilos” de pareja. Esto se entrena y con el entrenamiento se perfecciona.

 

Sin dudas estas líneas son una invitación a replantearse qué pareja tengo, cuál quiero construir,  cómo instalo este diálogo con mi pareja. No intenta agotar el tema o “bajar línea” de qué hacer. Pero sí busca explorar nuevos caminos que permitan relaciones más plenas, las cuales son posibles en la medida que nos las permitimos individualmente y en comunión con quien compartimos  un proyecto de vida.

 

César Cucchi