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¿PARA QUÉ HACEMOS?

Hoy me levanté pensado “¿para qué hacemos?”. Qué hay detrás del hacer. Y me respondo: pensamientos. Pero también tendría que haber alguna intención, un deseo de encontrar algo. Exploremos un poco

Entonces comienzo por acá: detrás del hacer hay pensamientos. Sin embargo, ¿hay algo más detrás de los pensamientos? Hasta donde he experimentado, van y vienen, son efímeros  y la mayoría de las veces creo que son la verdad, o la realidad. También luego de experimentar, he descubierto muchas veces que eso que “creo” es una verdad o realidad, sí, pero parcial.

Detrás del pensamiento hay una manera de pensar.

Por ejemplo escribo estas líneas porque en algún momento pensé que estaba bueno escribir sobre qué es lo que  nos lleva al hacer. Hago (escribo)  porque en algún momento pensé.

Por otro lado, este entrenamiento a pensar,  termina generando una compulsión a pensar permanentemente, a planificar el futuro a partir del pasado y a buscar allí seguridad. Éste mecanismo nos “saca” de nuestro cuerpo, de nuestros sentidos, de la realidad presente.

Esto me habilita a sostener, que se puede “pensar una realidad”, a partir de la experiencia y proyectarla a futuro, como se proyecta una casa, para luego salir a construirla. Al mismo tiempo hay una realidad que se puede “sentir” y sólo es posible acceder a ella en el presente, en el momento presente.

Una manera de conocer y hacer vinculada al tiempo, otra a estar presente en lo “que ya está ocurriendo ahora”.

La manera de conocer y hacer vinculada al tiempo, tiende a buscar seguridad y placer, esto es, quiero que la casa que he soñado salga muy bien, de alguna manera evitar el dolor de hacerla mal. Pero hacer de esta manera implica anticiparse, cuidarse de no tener errores a futuro, llegando en el extremo, a sentir temor y angustia…justamente lo que se buscaba evitar. Es un hacer que genera otras necesidades extras. Que muchas veces intentamos cubrir con más hacer del mismo tipo.

Las necesidades me surgen de la imposibilidad de estar presente, abierto al ahora ¿Qué me pasa cuando puedo vivir este momento plenamente consciente?: Que justo ahora, no tengo necesidades que cubrir. O sea, cuando estoy viviendo intensamente el presente se acalla el pensamiento compulsivo,  aparece esa otra manera de aprender y hacer que es “sentir”.

Pero… ¿Sentir qué?: Que si bien nos podemos valernos por nosotros mismos, también somos parte de un sistema que nos abarca…si bien somos una ola, también somos mar, y el pensarnos solamente como ola nos creemos independientes del mar, cuando no lo somos en realidad. Tal vez el sentir nos ayuda a experimentarnos como ola y como mar. Muchas tradiciones culturales, religiosas y filosóficas sugieren esto.

 

 

¿Es posible una manera de hacer funcional y otra disfuncional?

Sí, deduzco que sí. Esta manera de conocer y hacer vinculada al tiempo, la que parece que los seres humanos hemos desarrollado más es útil,  pero nos limitada cuando se la toma como absoluta, deriva en un pensamiento compulsivo  que termina en un hacer  disfuncional, que nos hace perder poder, energía.

Cuando veo a algunos amigos  hacer y hacer, los admiro. ¡Qué capacidad para imaginar un futuro y hacerlo realidad!  Una capacidad de crear hacia afuera. Pero también los cuestiono, me parece que a veces, debido a  ese enfoque del hacer  pasan de momento en momento sin degustarlos y que las personas de su entorno pueden convertirse en un engranaje del proyecto. Evidentemente eso que veo tan fácilmente en ellos también me pasa.

Es posible también, desarrollar el “sentir” y sumarlo al “pensar”, como una manera de conocimiento mas completa que lleva a un hacer funcional.

¿Puedo aplicar este hacer al trabajo diario? Sí, puedo entrenarlo, sentirme presente mientras lo hago, tomar decisiones concientes cuando hay que hacerlo, “fluir” como se dice en el deporte de alta competencia.

¿Es posible hacerlo en mi familia? Sí, puedo estar con este familiar “sólo para él”, escuchándolo y disfrutando sólo de “estar allí”, también de preparar la mesa o lavar los platos o hacer un juego de mesa juntos.

¿Es posible hacerlo durante mi tiempo libre? Sí, puedo estar en el gimnasio de esta manera, disfrutar del asado con amigos sin estar con la cabeza en otro lado, o atender ese pensamiento que aparece y luego volver al momento donde se desarrolla mi vida ahora.

Ahora me junto a preparar una clase  con una amiga. ¿Es un hacer funcional? ¿Cómo hago para que lo sea? Es funcional si estoy completamente  presente, lo cual implica que haya coherencia entre lo que pienso, siento, hago y digo…en el momento mismo que estoy con ella.

 

 

Sigo buscando ejemplos de hacer funcional: Me propongo revisar mi agenda semanal, qué  tareas tengo, las ordeno, tildo o des-tildo, priorizo ¿cómo está mi presencia en este momento? ¿Estoy enfocado en  la experiencia? ¿Estoy acá completo o con la cabeza en otro lado?

El hacer  funcional es un hacer que sana, que no depende de quien lo lleva adelante porque el que lo hace nos contagia, conectamos  al propósito de la vida y  esa conexión es posible en cualquier condición de existencia. Por eso mismo en cualquier equipo que participemos hay momentos en que experimentamos  que “todo es posible”.

Cuando repaso mentalmente y revivo esos momentos de hacer funcional, los puedo describir como “valiosos”, divertidos, plenos…sin necesidad. También he experimentado el hacer funcional en grupo, con mis equipos de trabajo “eso” que nos permite vislumbrar  toda nuestra potencia, estamos entusiasmados, exultantes, confiados en un mundo mejor porque experimentamos nuestra propia mejoría y la vemos fuera. O sea se “produce” energía , se niega la entropía.

¿Para que hacemos? Para experimentar plenitud, y esto, por lo que veo, se experimenta en el hacer funcional.

Y concluyo que tengo que multiplicar eso momentos en mi vida, me renuevan. No puedo evitar imaginar que Organizaciones  orientadas  a un hacer de este tipo, también puedan renovarse. ¡Entonces a construirlas!

 

 

César Cucchi- Julieta Casnati