noticias

Valores relacionales

Vivimos en constante relación con las personas y las cosas. En la actualidad el término relaciones “toxicas”, se ha convertido en parte de nuestro lenguaje. También se comienza a resaltar, que en las organizaciones se progresa más con la colaboración que con la competencia.

Share on LinkedInShare on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+

 

Tal vez las relaciones más cotidianas, las de familia, el contexto primario donde nos formamos, son también las más doloras vistas con un “ojo crítico”.

En la familia recibimos desde temprana edad las bases de lo que es “correcto y lo incorrecto”. En este sentido la familia nos contiene, como un marco a una pintura.

A ese marco algunos le llaman paradigma, nos da un orden, más allá que en distintas épocas (adolescencia por ejemplo) sea cuestionado duramente, nos encontramos en la adultez respondiendo con fidelidad a ese marco.

¿Qué pasa cuando salimos a explorar lo que está más allá de ese paradigma?

Encontramos básicamente tantos “correctos e incorrectos” como familias hay.

Se ha hablado mucho y desde distintas ópticas sobre lo que pasa cuando formamos “otras familias”, como el barrio, amigos, el club, comunidades religiosas, una pareja… para dar algunos ejemplos.

En este caso no escribiré “lo que dicen los libros”, sino mi experiencia y la del equipo al que pertenezco. Lo haré reflexionando desde lo que se llama la proyección psicológica o al menos desde lo que yo he entendido de ello.

  • Vivo en una comunidad donde, “oh sorpresa”, los “otros” son distintos a mí. Me lo habían dicho, lo había leído, pero la experiencia directa es otra cosa.
  • Confirmo que somos distintos porque nos comportamos distintos. El comportarse es una manera de relacionarse. Es imposible no comportarse, no tener una conducta y a través de ella comunicarse con el otro
  • El que recibe el mensaje ¿Desde donde lo interpreta? Desde su paradigma, construido básicamente en el seno familiar (entendiendo por familia el marco donde cada uno se crió).
  • Primera experiencia el otro no me entiende. Segunda experiencia, no me gustan varias de las cosas que hace o dice el otro. Tercera experiencia “le voy a explicar cómo son las cosas”. Cuarta experiencia: conflicto… Quinta: no todas las experiencias son iguales; otra vez, depende del marco. Así, por ejemplo, en algunas familias el conflicto es “malo”, en otras es “bueno, en otras “necesario”…y así hasta donde queramos observar.
  • Debido a todo lo anterior existen “reglas de juego”, para las comunidades donde vamos participando cuando nos relacionamos con otros.

¿Que he aprendido de todo esto?

Que cada comunidad tiene reglas de juego básicas, pero que las interpretamos desde un paradigma “más profundo”, que algunos llaman identidad

Que si en este “paradigma profundo” la mirada es que “el otro” puede agredir, la respuesta tiende a devolver el ataque o a esconderse, lo cual finalmente dificulta la relación o sea atenta contra la comunidad misma

Que el “paradigma profundo” tiene preeminencia sobre el de la comunidad cuando nos “individualizamos” suficientemente. Esto es, empezamos a suponer que la comunidad “no me contiene”

Algunas soluciones a lo anterior, por parte de la comunidad, es “someter” al individuo. Otras es “integrar” al individuo. Desde lo individual algunas opciones incluyen “cambiar” la comunidad o de comunidad, obedecer “sin pensar mucho” y otra podría ser: lo que le pasa a la comunidad es lo que me pasa a mí

Tal vez la propuesta enunciada por algunos como la de una fraternidad universal o como que todos/todo viene de una “unidad original” que se está expandiendo pero que sigue siendo una, expresada de distintas maneras…o la mirada de ser parte un organismo  en lugar de una máquina, donde lo que hay es necesario e irreemplazable…

Tal vez, digo, estas propuestas puedan acercar “nuevos paradigmas profundos”, donde “lo otro” es parte mía. Donde el/lo otro es necesario para simplemente, vivir plenamente.

Donde “su” aporte no puede obviarse, y cuando lo hacemos todos sufrimos, como individuos y como comunidad.

Donde  lo relacional es más funcional a todos que la competencia.

 

Mas que criticar al sistema es posible observar y buscar soluciones superadoras.

Cuando las comunidades llegan a un cierto punto, comienzan a necesitar “algo más” que sobrevivir y organizarse. De allí surge el cuestionar las “reglas de juego”.

Cuestionar y hacer, por eso en nuestros programas para equipos proponemos ver el estado actual en que este se encuentra, actualizar el paradigma y luego ejecutarlo. Hay que pasar a la acción

Es decir “retocar” las reglas del juego, dentro de la misma comunidad, porque es allí donde el conflicto puede servir a las personas o desanimarlas.

Luego hacer, actuar, concretizar. El actuar sella, ancla el nuevo paradigma

Por consiguiente,  el poder cambia de manos: “la comunidad no me hace algo”, sino que juntos “hacemos la comunidad” que deseamos

Aquí también la experiencia hecha es que un nuevo entusiasmo florece

 

 

Entonces, algunos puntos sobre la experiencia recogida hasta ahora cuando trabajamos con equipos:

  • Es necesario saber el estado actual de los integrantes como individuos, como grupo y como equipo
  • Descubrir juntos, el marco que sustenta al grupo. Siempre hay “resultados” de la relación entre personas.
  • Para elegir qué resultados queremos, es necesario establecer el paradigma que convierta al grupo en el equipo que queremos ser
  • Establecer un “resultado sin precedentes”, esto es una acción no realizada antes y que “ancla” el nuevo paradigma construido, es una práctica que ayuda
  • Hacer un plan de acción para lograr el resultado deseado
  • Medir resultados. Festejar los pasos logrados y la meta final
  • El proceso en sí es una experiencia, un aprendizaje. El conflicto y las diferencias pueden surgir. El paradigma construido ayudará a que pasen de ser situaciones “tóxicas” a potenciadoras, si nos “miramos” a través de “él”
  • Se produce una sinergia en el grupo, muchas veces una “sensación olvidada”. El “otro” me/nos aporta justo lo que necesito para potenciarme
  • Se renuevan fuerzas, “de la nada” surge un nuevo entusiasmo, se abren posibilidades que antes no se tenían en cuenta
  • El proceso en sí es creativo. Las personas se sienten bien creando. Se refuerzan las relaciones que permiten los logros. Pertenecer al equipo comienza a ser agradable
  • Este no es el “fin” del camino, sino un inicio posible basado en valores relacionales

 

Vuelvo al “ojo crítico”…hummm…esto casi parece una “novela rosa”…te invito a verificarlo

 

 

Dato: Entrevista a Benedetto Gui. Sobre bienes relacionales. http://www.edc-online.org/es/publicaciones/articulos-de/luigino-bruni/677-josetta-1-es-es/es-estudia-con-nosotros/formacion/es-sec/9831-en-la-escuela-de-economia-civil-se-habla-de-bienes-relacionales.html

 

Cesar Cucchi